Amazona, paseando por Óbidos.
Aquí viajaremos por dos ciudades muy diferentes que viven a orillas del rio. Obidos se agarra a la historia. El río Amazonas crea su propio universo, al borde del cual existen dos ciudades. Uno de sus caprichos es la “garganta“, un sitio donde las dos orillas se acercan, las profundidades aumentan y las corrientes son fuertes y contradictorias.
Los portugueses hace muchos años navegaron hasta allí buscando la parte angosta del río para construir un fuerte, para controlar el paso de todos los barcos. En ese lugar vive Obidos, la ciudad de los atardeceres.
Desde lejos, sobre la cubierta de un barco, pueden verse la iglesia y algunas otras edificaciones que sobre salen en la geografía de una colina. Al llegar al embarcadero aparece una fila de casas antiguas, de almacenes un poco descascarados que alguna vez fueron usados por grandes firmas comerciales.
Para resistir con más fuerzas al paso del tiempo, la parte más antigua de esta ciudad ha sido transformada en un “museo contextual“. Por eso las casas allí tienen placas para certificar su valor y contar su historia, que es la del desquicio amazónico.
Obidos aún debe encontrar una fórmula para detener el paso del tiempo, dejando con más expectativas el futuro.
Los cañones del fuerte, un poco maltratados por el tiempo, aún apuntan hacia el río desde la colina, rastros de los que pasase algún día hace mucho tiempo atrás donde los portugueses buscaban detener a los franceses y holandeses, que tenían ambiciones territoriales en el norte de Brasil.
Después vino la religión, los aventureros, las grandes haciendas de cacao y castañas, los esclavos, el puerto, las actividades comerciales. La creación de una ciudad quien fuera la Vieja Olidos. Con una encantadora y misteriosa existencia a secreto del río, pues recibe muy pocos visitantes, casi nadie que no sea un negociante, un vendedor, un pariente o un vecino de alguna localidad cercana, dado a su poca promulgación.Obidos ni siquiera mencionada por los guías de turismo, que no la toman en cuenta, y sus habitantes no saben como lidiar con los viajeros, no tienen alma de anfitriones por que no están acostumbrados a ellos. Igual se puede ir a visitar una casa donde se guardan reliquias de la ciudad está doña Chaquinha, una guía turística de 82 años de edad. Muestra fotos y retratos de precursores con bigotes portugueses o italianos, y alguna otra de los grandes cargueros que paraban en Obidos, y que ahora no se ven más.
“Este era un puerto muy importante, y además por su profundidad podía recibir los buques de mayor calado”, explica la guía. Muestra un hidroavión en una foto sepia: “ese fue el primer avión que vimos en la ciudad, vino a explorar la frontera pero se cayó. Yo me acuerdo que lo vi”.La vida ajetreada es pasada para Obidos, los museos sólo pueden guardar objetos, los tiempos pasan. Medio de las casas históricas llenas de anécdotas y aventuras, se contemplan cada tarde unos atardeceres impresionantes. Eso es lo único que no ha cambiado para Óvidos.
Pero lo más bellos de esta ciudad son los paisajes naturales que hacen que uno quiera visitar este lugar, como el sol hundiéndose lentamente en el agua, los niños corriendo por la plaza, la enorme cantidad de barquitos que entran y salen con destinos remotos, pescados descomunales a la venta en el mercado.

Desde Obidos salen carreteras hacia algunos poblados cercanos. Toda la región es agrícola y pesquera, aunque hay algunas empresas de madera en busca de los tesoros de la selva con sus sonoros nombres: Jacarandá, Jatabá, Maracatiara, Guariúba, Marubá, Araracanga, Sucupira, Cupiuba.
A lo largo de todos estos caminos el espectáculo es casi invariable, de una finca, granja o comunidad rural al lado de la otra. Son rastros de la presencia de los colonos provenientes de zonas más deprimidas del Brasil, que van como atraídos por un imán hacia donde los ríos o las carreteras, por más precarias que sean, hayan abierto una posibilidad.
Con la belleza Obidos un lugar natural, tras una historia que da melancolía, donde la ciudad vivió en auge y hoy solo es un escenario de tiempos de colonos.
