Rosal de la Frontera

rosal de la frontera

Bienvenidos a la tranquilidad. Es lo primero que se viene a la cabeza cuando se arriba al Rosal de la Frontera (Huelva ) y se comprueba el sosiego de las calles de recto trazado y casas encaladas, con una acogedora plaza mayor. La Iglesia de San Isidro Labrador, que guarda una valiosa talla de la Virgen, del siglo XVIII. Ya en el ayuntamiento del Rosal de la Frontera, vale una visita a la Casa de Cultura: Edificio donde estuvo preso Miguel Hernández, en 1939. La entrada es gratuita.

Al llegar un poco después del mediodía, se puede aprovechar para disfrutar de la divina costumbre del Tapeo. Los habitantes de Rosal de la Frontera se sienten andaluces, pero también un poco alentejanos, del vecino Alentejo portugués. Esa doble identidad impregna las costumbres de los habitantes del Rosal, hasta en la comida (el bacalao lo preparan con maestría portuguesa). Otro sabor irresistible es el jamón ibérico exquisito que se elabora, como en muchísimos pueblos de España, en el Rosal de la Frontera.

La paz viene de la mano de la naturaleza circundante: tierras de cultivos, prados y dehesas, tan llanos que casi desmienten que se está en un pueblo de la sierra occidental de Huelva.

Alrededor de Rosal de la Frontera hay mucho que ver. En el Ayuntamiento indican cómo se llega al Monumento Megalítico de la Pasada del Abad, que agrupa varios dólmenes, y al Yacimiento arqueológico del cerro del Castillo, de origen celta.

Una de las actividades preferidas que practican los turistas al llegar al Rosal de la Frontera es el senderismo, para aquellos que les apetece caminar. Hay senderos de pequeño recorrido, muy bien señalizados, que pasan por el campo de dehesas, las zonas de ribera, la sierra y lo que fue la antigua ruta del contrabando. Rosal de la Frontera, un regalo de paisaje, belleza y tranquilidad, en Huelva.

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